miércoles, 16 de agosto de 2017

LOS GUERREROS A CABALLO EN SANTIAGO DE AGÚERO (parte 1ª)

Habíamos dejado pendientes de comentar los capiteles del interior de Santiago, nada más traspasar la puerta. A nuestra derecha, aparece un capitel doble con arpías que no vamos a comentar. Al otro lado, el occidental, tras la puerta, otro capitel doble,  que muestra dos variedades de lucha de caballeros en las que podemos encontrar alguna incongruencia entre los comentarios publicados y entre la realidad y lo representado.

Como siempre, nos apoyaremos en nuestras propias fotos, que a veces nos engañan, pero tan sólo pretendemos ayudar a  entender su intención.
Aunque a día de hoy seguimos sin disponer del tomo de la AdR referido a esta iglesia, sí podemos consultar lo publicado por Daniel Zabala en la revista Románico nº 21 y la tesis doctoral de Inés Monteira : “La Escultura románica hispana y su lucha contra el Islam”, con prolija documentación y con abundantes ejemplos iconográficos, que en muchos casos, no dejan de sorprendernos por sus conclusiones, como identificar a muchos animales tumbados como musulmanes “El musulmán, descrito con rasgos de bestialidad y monstruosidad en las fuentes escritas, aparece animalizado también en los relieves de las iglesias” (pag.16).

La constante referencia a los cantares de gesta, en muchos casos posteriores a la iconografía románica, conducen a considerar de una manera general que todo lo negativo, obsceno, inadecuado, etc. esculpido en una iglesia alude reiterativamente al “enemigo desnudo”, en la misma línea que desde hace tiempo defiende Claudio Lange, con poco reconocimiento, como él mismo lamenta en un artículo. 
Guerrero cristiano a la izquierda en el que se aprecia su escudo  a bandas cruzadas y el musulmán a la derecha que huye lanzando una piedra con una mano y el escudo redondo en la otra. No monta a la jineta porque tiene la pierna totalmente estirada

Pero nos centraremos en este capitel doble del interior de Santiago, al que algunos estudiosos ligan con la escena exterior de los peones que luchan a escudo y bastón, según la propuesta que hemos hecho, y que, por lo tanto, poco tienen que ver con la escena interior, con caballeros armados. Sin embargo, lo publicado habla en términos guerreros en la lucha de estos dos villanos y por tanto lo entienden como una variante de la lucha interior, interpretando los bastones como espadas, pese a la evidente diferencia.
Daniel Zabala, quien ha hecho interesantes observaciones de algo tan etéreo como los rayos del sol, ha publicado el efecto de éstos sobre la cabeza regia única del ábside, lo que encontramos tiene mucho sentido. Pensamos con él que ese templo pudiera estar destinado a panteón de un monarca, y, en consecuencia, nada perturba esa idea la inclusión de un combate que aludiera a las hazañas del personaje, combatiendo al Islam, tal como señala el autor, por haber militado en el Temple en su juventud, si se trata del príncipe Ramón Berenguer IV, aunque no alcanzara la corona. El hecho, también descubierto por Zabala, de que este capitel, recibe igualmente un rayo de luz, pese a su posición apartada, ayuda a esta intencionalidad de relacionar las hazañas con el coronado.
Escena de lucha de caballeros cristianos.El de la izquierda enarbola una espada (diferente a los bastones de los peones de la portada) y un escudo cristiano, no musulmán, que le cuelga por el lado izquierdo, igual que el que se le enfrenta a la derecha.

Sin embargo, no vemos la relación ni con el capitel exterior del que hemos propuesto como combate judicial con jueces al costado, ni tan siquiera el hecho de que las dos escenas esculpidas en el capitel tengan relación entre sí, que Daniel encuentra son consecutivas: batalla y huída, con los mismos personajes, siguiendo  lo descrito por Iñiguez Almech.
Tampoco encontramos razonable la “descarada” identificación de los combatientes a pie del exterior por la abundancia de lunas en uno y de estrellas (que no cruces) en el otro, aunque del tema de las medias lunas crecientes nos ocuparemos al analizar la tesis de Monteira. Pensamos que si en el exterior –más expuesto a vandalismo- se identifica al musulmán con una cantidad insólita de medias lunas de una manera un tanto arbitraria y excesiva, ¿qué impedía reforzarlo en el interior, más protegido y donde se pueden cargar más las tintas, ya que la conclusión es que el interior recibe la bendición divina y se potencia la derrota del musulmán (el mal)? Sin embargo, como ahora veremos, el escudo musulmán (que solo hay uno) tiene el florón que hemos visto en Tudela y en Castilla, el mismo del pendón de las Navas de Tolosa.  Más curioso aún resulta comprobar cómo en la tesis de Monteira se atribuye el uso de estrellas en el escudo ¡a los musulmanes¡. Y es cierto en el capitel de Estella (estrella en uno y florón en otro) y por tanto invalida la identificación del cristiano en Santiago por el escudo con estrellas.  Ya decimos que los “falsos amigos” persiguen a todos los que nos gusta el románico.
Caballero cristiano persiguiendo a un musulmán. Aunque vuelve su cuerpo y lanza una piedra, no monta a la jineta, pero además de huir e ir perdiendo (la lanza le atraviesa el escudo), abre la boca gritando, otra característica del musulmán.
Como decimos, en el Pendón de las Navas de Tolosa no hay medias lunas y es muy similar a los vistos en Tudela, Rebolledo y éste mismo capitel.
Pendón de las Navas de Tolosa (Burgospedia)

Sigamos con el artículo de Daniel Zabala. Dice en la pag.11 de la Revista: “En la primera  cesta (hay que leer el capitel de izquierda a derecha) el guerrero musulmán, identificado por el escudo redondo, carga con la espada desenvainada contra su oponente cristiano. La escena inmediata describe el resultado de la confrontación anterior…” Resalta las características para identificar al sarraceno y al cristiano y persiste, como han hecho todos los que estudian la portada, en que los combatientes a pie del exterior llevan espadas, cuando incluso en este capitel el tallista ha puesto una clara espada en manos de un guerrero y de nuevo insistimos en que se diferencia con claridad en esta y otras portadas del maestro entre espadas, bastones y mazas.
El guerrero a la izquierda lleva claramente una espada y el escudo no es de rodela, por lo que, como los otros guerreros cristianos le llega a la barbilla, a diferencia del musulmán.
Pues bien, aportamos ahora nuestras fotos en las que podemos ver, en primer lugar, que no es sarraceno el primer guerrero de la izquierda que lleva una espada, ya que, aunque su escudo está parcialmente oculto por el cuerpo del caballo, es evidente que tiene la forma de cometa, igual que su rival. Por tanto, no se diferencian en nada. Sí que tienen los cuatro jinetes una cosa insólita si se tratara de una batalla real: nadie lleva cota de malla ni lóriga. Tiene todo el aspecto de tratarse de una escena simbólica, de torneo, de justa, quizás en homenaje al difunto príncipe, como se hacía en estas exequias. La escena del musulmán huyendo mientras lanza la piedra con la mano puede tener ese mismo sentido de apología de las hazañas del príncipe cristiano que allí iba a reposar.
Pero es que además, para desmentir lo aportado por Zabala, el escudo del cristiano no es el mismo en las dos escenas. Tenemos las fotos. El que lucha a la izquierda contra el de la espada tiene bandas cruzadas. El que al otro lado ataca –también lanza en ristre- al musulmán –éste sí lo es- tiene el escudo distinto, a rombos, unos tallados y otros no.
Detalle de los escudos: el cristiano de la derecha tiene rombos tallados (a diferencia del otro cristiano que tiene bandas rayadas) y en el del musulmán se aprecia claramente el florón típico . Asoma la punta de la lanza.


Luego analizaremos las propuestas de Inés Monteira sobre la identificación del musulmán y tendremos que matizar lo que quiere decir “montar a la jineta”, que es uno de sus signos distintivos.
La descripción de García Lloret de este capitel doble coincide básicamente con lo expuesto por Zabala Latorre.
El hecho de que en la desigual lucha entre cristianos –según vemos en nuestras fotos- uno lleve espada y otro lanza y como decimos, sin protección ninguna, nos inclina a pensar que no es más que una representación, quizás un torneo de exhibición. Incluso el musulmán que huye y vuelve el cuerpo para ofrecer el escudo al que atraviesa la lanza del perseguidor, no va montando a la jineta, como luego veremos, sino que tiene las piernas estiradas sobre los estribos por lo que difícilmente montando así pudiera tener las manos libres para empuñar la piedra y sostener el escudo porque resultaría imprescindible manejar las riendas. Las imágenes se ajustan poco a la realidad.


En esta otra escena en la que, como proponemos, nada tienen que ver los personajes anteriores: aquí si hay musulmán huyendo, que lleva su rodela con el emblema típico del florón, muestra a un caballero con escudo diferente a la escena anterior. Parece evidente que lleva lanza, ya que asoma por la parte superior de la rodela del musulmán, mientras que conserva en su funda la espada al cinto. Eso mismo ocurre con el caballero claramente cristiano por su escudo de la escena de enfrentamiento, en donde se distingue también la espada en su funda colgando de la cintura.
A la vista de las imágenes que hemos mostrado, se pone en evidencia que las medias lunas no eran emblema utilizado por los musulmanes, como reconoce Inés Monteira en la pag.183 de su tesis. Ocurre que demasiadas veces –para quienes intentamos encontrar certezas- se afirma una cosa y la contraria. Pero es que lo primero que tenemos que delimitar es la figura del cuarto creciente. A los que sólo conocemos lo básico, nos explicaron que “la luna miente” y que cuando dibuja una C, inicial de creciente, está precisamente en menguante, y a la inversa: cuando la luna escribe la D con la “barriga” hacia nuestra derecha, no está en decreciente, sino en creciente. Ahora descubrimos, no sin asombro, en la wiki, que en el hemisferio sur es al contrario. Evidentemente, todas estas historias se desarrollan en el norte, lo que parece suponer una dificultad añadida para los alumnos de profesor Morais, al que tanto admiramos.

Pero cualquier imagen musulmana lo que muestra es la luna menguante, así que la pregunta es ¿por qué se habla el creciente lunar como emblema cuando vemos la imagen de la menguante ?
La dra.Monteira informa en nota al pie en la pag.183: Encontramos el creciente lunar formado por dos círculos desiguales en tamaño y superpuestos, uno de ellos en un extremo de la circunferencia marcada por el otro, en pendones guerreros que pasaron como trofeo a manos cristianas. Es el caso del Pendón de las Navas de Tolosa (c. 1212),
Hemos buscado la imagen de ese Pendón y no vemos más que el florón que hemos descrito en los capiteles.



Otro ejemplo lo atribuye al escudo del caballero en Ribas de Campos (Palencia), donde el caballero musulmán está “decorado con cuartos crecientes lunares”. Tenemos la foto y dejamos al criterio del lector la afirmación y su “parecido” al de Santiago.





También forzado –a nuestro modo de ver- resulta la identificación de lo que pisa el Apóstol en la puerta de Platerías como alternativa al león, aunque otros autores opinan lo mismo. Quizás se trate de una media luna (no se ve cortada en ningún lado) pero parece estar sobre un plato. Y tan blando que bajo el pie del Apóstol se marca su superficie. También lo dejamos al criterio del lector. Si se entiende que la cabeza de león que pisa simboliza la victoria sobre el musulmán, pudiera esa “torta” aludir al otro pueblo infiel: los judíos y su pan ácimo representativo. Pero es pura especulación; lo cierto es que la figura es lo menos parecido a una luna creciente.


 Verdad es que el contexto debe referirse a algo negativo, ya que es pisado por Santiago,  pero no nos debe conducir a un “falso amigo”. Finalmente, la autora acepta que no será hasta la Baja Edad Media cuando se consolide la media luna como símbolo musulmán: Cantigas y pinturas mudéjares, que poco tienen que ver con lo que estudiamos.
Volviendo a los escudos, la dra. Monteira afirma que “no será hasta finales del XIII –un siglo más tarde de estos capiteles- cuando se inicie tímidamente la heráldica”, lo que parece contradecir anteriores afirmaciones y permite reafirmarnos en la posibilidad de una acción vandálica en el escudo exterior de Santiago de Agüero.
(continuará)

















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